Reflexiones

Es muy cierto eso que dicen que en un año pueden pasar y cambiar muchas cosas. Hace un año, estaba viviendo en Cardiff y no sabía qué iba a ser de mí una vez que entregara mi proyecto final de la maestría. No sabía si iba a poder quedarme hasta enero (que era mi plan) o si regresaría a México antes. La verdad, de mayo a agosto viví con un alto nivel de incertidumbre que sólo me trajo más depresión y ansiedad a mi vida.

Ahora reflexiono y me doy cuenta que no era para tanto. Si hubiera sabido que en un año estaría trabajando en una casa productora, a lo mejor me la hubiera llevado más leve, sin preocuparme ni sentirme mal por no encontrar empleo formal en Cardiff.

Por ello, últimamente he empezado a ver la vida de una manera más relajada. Yo sé que mi futuro no va a ser como yo quiero que sea, ni que voy a alcanzar mis metas de la manera que yo lo imagino. Por eso, ya he estado aprendiendo a tomar las cosas como vienen y a ver qué puedo hacer yo con lo que la vida, las oportunidades, el universo, o lo que sea, me dan.

 

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A veces extraño vivir en primer mundo porque las mujeres son ligeramente distintas. Yo recuerdo que era muy MUY raro que entre mis amigas o compañeras de clase habláramos de hombres o de relaciones de pareja. Yo fui la única que escribió una historia de amor como proyecto final y cada vez que decía que me sentía “quedada”, me miraban raro y decían que era muy joven para pensar así. A ellas no las veía tan obsesionadas por tener a un hombre a su lado. Eran muy independientes y no les daba pena ni se sentían reprimidas por disfrutar de su sexualidad. En México, si haces eso, no te bajan de zorra.

He querido volver a vivir en otro país primermundista porque sé que si me quedo en México, seguiré ganando el mismo shitty salario que no me permitirá independizarme jamás (todo mundo sabe que el salario mínimo en México es como la mitad de lo que gana alguien en Europa o en USA por trabajar sólo UNA HORA). He pensado en Canadá y cada vez me convenzo más de que sería una buena opción, aunque no sé cuándo podría llevarla a cabo. La verdad, ya no sé a dónde ir. Ningún país me parece 100% idóneo ya.

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La vida es impredecible. Como dije antes, hace un año seguía viviendo en la casa de estudiantes, y nunca imaginé que después viajaría a Europa continental o que haría un internship en la BBC o que trabajaría como fotógrafa en un centro nocturno. Tampoco imaginé que trabajaría como profesora de inglés, ni como asistente de dirección teatral, ni como traductora y mucho menos que volvería a dedicarme a la publicidad y al diseño. Yo pensaba que me dedicaría a escribir.

(JAJAJAJA – atte la vida)

No he dejado de escribir, pero ya no lo hago tan seguido como antes, pues no siempre se me ocurren buenas ideas. No obstante, apenas me surgió una – aparentemente buena, hasta ahora – que empecé a desarrollar. El tema me vino a la cabeza después de leer las noticias sobre la tragedia en el Manchester Arena. Es una historia que parece un capítulo de Black Mirror (una vez más), pero que si la desarrollo bien, podría dar para una mini serie. Estoy pensando en meterme a algún taller para asesoría profesional. Aún no lo decido.

Puede que la vida me sorprenda y que lo de Canadá se dé en dos años (o menos) o puede que surja otra oportunidad mejor (que todavía no sé cuál podría ser) y ya no tenga que migrar. No lo sé. A veces ya no quiero hacer planes tan fríamente calculados porque la mayoría de las veces, los resultados no tienen nada que ver con lo esperado.

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Hace un mes tuve una crisis existencial. Yo odio, detesto ser godínez. Me parece una manera moderna de esclavitud, y me enojaba saber que aunque yo luché para dejar de serlo, volví al mismo punto de partida. Pensé que, probablemente, ése era mi destino y me dolía aceptarlo. También me dolía aceptar que tal vez no me dedicaría a escribir. Quizá no soy tan buena como pensaba. Quizá tenía talentos ocultos en diseño que debo explotar, no lo sé.

Yo sólo espero que la vida no me dé lo que quiero, sino lo que realmente necesito y que yo pueda ser feliz con eso.

Consejos para buscar trabajo

Toda persona mayor de 18 ha padecido los desaires de la búsqueda de trabajo alguna vez en su vida. Yo, en lo personal, empecé a sufrir de desempleo desde que terminé la carrera. No me siento desafortunada porque sí encontré empleo y tengo uno actualmente. Lo malo es que todavía no encuentro “my dream job”, ése que he soñado por años. No sé si es por falta de preparación, por falta de contactos o simplemente porque todavía no he estado en el lugar ni en el momento exacto.

Gracias a que inicié a hacer job hunting desde el 2011, he podido darme cuenta de los errores que he cometido y que me han llevado a reflexionar sobre lo que se debe hacer y no hacer cuando estás en busca de un trabajo. Y no, ésta no es una lista de superación personal tipo “cree en ti mismo” o “decrétralo y lo lograrás”. No. Son recomendaciones basadas en hechos y experiencias propias. ¿Funcionan? Sí, hace apenas una semana logré entrar a una casa productora donde me dedico a hacer diseño gráfico y edición de video para marcas del nivel de Disney.

Aquí van mis consejos:

1. Mantén la calma.

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Alguna vez dije que buscar trabajo es como buscar pareja. La entrevista es como la primera cita. Ambos ven si cubren el perfil que necesitan/quieren y después deciden si volverse a ver o no. Uno de los consejos que dan los gurús del amor es no verse desesperado porque eso se nota a leguas y sólo ocasiona que alejes a pretendientes potenciales.

Con el trabajo pasa lo mismo. Sucede que ves una vacante y aunque no sea lo que tú estás buscando o que tu perfil no cubre ni siquiera el 80% de los requerimientos, aplicas. Después te preguntas por qué nadie te llamó a entrevista y te sientes mal y rechazado.

Calma.

No por desesperación vas a aplicar a cualquier empleo que se te presente. No por presión social o por quedar bien con tu familia o pareja vas a aceptar entrar a un trabajo que te aleja de tus metas profesionales. El tiempo es muy valioso y no vale la pena perderlo. Si sabes que no te gusta ser community manager ¿entonces por qué aplicas a trabajos de ese estilo? ¿sólo porque lo sabes hacer? Al final acabarás harto, frustrado y te verás en la penosa necesidad de seguir buscando trabajo una y otra vez.

Sé que hay gente con mucha necesidad que desafortunadamente tiene que aceptar lo que le ofrecen, pero ojo. No porque estés en algo que cero llena tus expectativas significa que debas quedarte ahí para siempre. Puedes verlo como un trampolín o como una oportunidad para perfeccionar tus habilidades. Por ejemplo, a mí me gusta dar clases y soy buena en ello, pero no me veía como profesora por el resto de mi vida. Sin embargo, lo vi como un chance de mejorar y seguir practicando mi inglés porque una de mis metas profesionales es trabajar en una serie americana o británica. Además que dar clases me dio grandes ideas para escribir historias. Es un ganar ganar.

Tranquilo (a). No sientas presión por nadie. Así como me dijo una amiga hace tiempo. Tú serás el único que enfrentará las consecuencias de tus decisiones, pues ni tu familia, ni tus amigos y ni mucho menos la sociedad vivirán lo que tú tendrás que pasar si la llegas a regar. Al final estarás tú sólo contra el mundo. Tú serás quien se tendrá que levantar todos los días a hacer un trabajo que odia o que simplemente no le satisface al cien por ciento. Por ello, toma la decisión que mejor te convenga, sin que te importe la opinión de los demás. ¡Es tu vida!

2.Socializa

No quería decirlo, pero sí. El networking es elemental. Es SÚPER INDISPENSABLE porque no importa si eres muy bueno en lo que haces o si tienes miles de diplomas y documentos que te respaldan. Si no conoces a las personas adecuadas, seguirás navegando en las aguas del desempleo por mucho tiempo.

Tener buenas conexiones te facilita mucho las cosas y si te llevas bien con la gente, es casi seguro que te querrán dar una oportunidad. Se ha visto que los reclutadores buscan personas con actitud más que aptitud porque de nada sirve que seas excelente en tu área si eres un flojonazo y le contagias esa mala vibra a los demás.

Sé que no es nada fácil ser sociable, sobre todo a los que somos introvertidos y callados. Es una habilidad que muy pocos tienen y que se resume en tener confianza en sí mismo y en saber agradar. Con esto quiero decir que las personas sociables generalmente tienen mayor inteligencia emocional que el resto. Saben identificar las emociones de los demás, son empáticos, caen bien y no son personas tóxicas.

Como sé que es difícil lograr ser sociable porque eso requiere tener un poco de chispa y un autoestima alta, les recomiendo que lean Quiet de Susan Cain. En este libro aprendí que yo jamás seré el alma de la fiesta ni estaré en las listas de popularidad. No obstante, ser introvertido no es tan malo como parece porque podemos trabajar individualmente y podemos pretender ser extrovertidos cuando queramos. Por ejemplo, gente brillante como Steve Jobs no nació siendo extrovertida, sino que tuvo que aprender a serlo cuando la ocasión lo ameritaba.

Yo soy muy callada. Cualquier persona que me conoce piensa que soy sangrona, aburrida y tímida porque no me abro fácilmente cuando conozco a alguien por primera vez. Sin embargo, para dar clases tenía que ser todo lo contrario. Tenía que pararme frente a un grupo de adolescentes demandantes que se aburrían con facilidad. Tenía que mantener su atención todo el tiempo y hablar claro y alto. No podía mostrarme débil porque me hubieran comido viva. Una vez que la clase terminaba, volvía a ser yo. La quiet and shy girl que siempre he sido.

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Otra recomendación que les puedo dar es hacerse de un blog y repartir tarjetas. En cada reunión que vayan encontrarán posibilidades de conocer a alguien que trabaje en su medio y qué mejor manera de seguir en contacto que a través de su tarjeta de presentación. Agregar a alguien a Facebook no es muy recomendable porque ahí posteas cosas personales que tu futuro jefe potencial no querrá ver (o no tiene por qué ver), entonces si mantienes el contacto únicamente a través de Whatsapp o de tu correo personal, será mucho mejor. El blog es ideal para aquellos que escriben o que tienen trabajos visuales porque así el potential employer verá su portafolio y sabrá si son el candidato que está buscando.

Inténtenlo.

3.Ocúpate en otras cosas

Si no has tenido suerte encontrando empleo, intenta darte un break. A lo mejor estás tan desesperado que ya no piensas claramente. Como dije antes, mantén la calma. Haz ejercicio, métete a clases de pintura, música, ve tus series favoritas, sal con amigos, de viaje, escribe, lee, toma cursos, en fin. Realiza actividades que enriquezcan tu alma y tu mente para que no te obsesione el tema del desempleo. Ya verás que una vez que hayas dejado tu cerebro descansar, verás las cosas desde otra perspectiva y probablemente habrás encontrado otro camino u otra idea para alcanzar lo que deseas.

Por ejemplo, Alan (el bloguero de Alan por el mundo) una vez dijo que él se dio cuenta que su misión en la vida era ser viajero y crear una plataforma como la que tiene actualmente, después de un viaje que realizó a la India. Y así hay muchos casos similares de gente que, después de darse un pequeño descanso, se dio cuenta lo que realmente quería hacer en su vida.

4. Ten humildad intelectual

Conoce tus debilidades. ¿Te falta saber inglés? Toma un curso. ¿Te falta saber más sobre equis tema? Lee. Aunque seas el más fregón en algo, siempre ten humildad intelectual porque nunca sabes cuándo va a llegar alguien a desbancarte. No creas que lo sabes todo. Eso cae muy mal en cualquier persona. Sentirse superior a los demás. PLEASE. Nadie lo sabe todo, siempre ignoramos algo. No somos invencibles, todos tenemos un talón de Aquiles.

Otra cosa. No pensemos que “sólo por desear” algo, se va a hacer realidad. Error. Ese pensamiento mágico debemos de erradicarlo de raíz. No sirve de nada y sólo nos enseña que rezando o pidiéndole al universo las cosas se darán por sí solas, cuando esto NO es verdad. Las cosas se dan SÓLO SI estás preparado para ellas. Toma tiempo, sí. Toma esfuerzo, sí. Pero es más probable que consigas empleo de músico si constantemente estudias y te desenvuelves entre gente de ese medio, a que si sólo lo deseas. Es sentido común.

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5.Redes sociales

Les diría que se alejaran de las redes sociales porque causan depresión y ansiedad, pero no estaría siendo honesta. Las redes sociales, en efecto, causan esas enfermedades pero también son una excelente herramienta para conseguir empleo. Además, si siguen a las cuentas adecuadas y no sólo a las que publican memes y videos estúpidos, la social media puede servirles muchísimo para aprender de sus temas de interés. Es cuestión de saber filtrar.

Lo que sí recomiendo es tener una buena o aceptable imagen en redes porque no sabes quién podría estar “estolquéandote”. Con esto quiero decir que no suban fotos comprometedoras, que no compartan videos ofensivos ni que sean sumamente radicales y cerrados con sus opiniones.

Hace tiempo, leí que un psicólogo recomendaba tener dos cuentas. Una para el trabajo, amigos y demás personas con las que puedas hacer networking, y la otra para cuestiones personales (amigos muy cercanos y familiares). Él decía algo así: “la cuenta personal es para quienes invitarías a pasar una tarde en tu casa”. Si constantenmente se autocensuran porque sienten que no pueden publicar todo lo que quieren en su cuenta de Facebook porque tienen agregados a colegas del trabajo, jefes, ex jefes o gente desconocida que sólo vieron una vez, intenten crear otra cuenta.

6. Ve a terapia

Odín Dupeyron, autor de la obra teatral ¡A Vivir!,  una vez dijo en una entrevista que ir a terapia ya debería ser considerado parte de la canasta básica. Y tiene razón. No es que seamos unos llorones, no. Lo que pasa es que el mundo cada vez exige más. Las expectativas de los jóvenes de hoy son superiores a lo que sus padres aspiraban hace 30 años. En la escuela no nos enseñan cómo superar los fracasos, cómo ser resilientes, cómo superar crisis emocionales, cómo tener buena autoestima. A veces los padres tampoco lo saben porque ellos tampoco son resilientes ni tienen autoestima alta. Ir a terapia, al menos dos veces al mes, les ayudará a tener consejo de un profesional, pues luego pasa que ni leyendo todos los libros de autoayuda ni viendo todos los video blogs de coaches personales, encuentras la respuesta que estás buscando.

Si no tienen ningún terapeuta de cabecera, intenten acercarse a alguien con experiencia que los pueda guiar; un mentor a quien seguir. Puede ser un familiar, un amigo, un hermano, un compañero de trabajo o un jefe. Y cuando ustedes hayan aprendido y encontrado la respuesta, devuelvan el favor y sean mentores de alguien también.

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Espero que esta guía les haya servido y que encuentren pronto el trabajo de sus sueños. No olviden dejarme sus comentarios.

La realidad de las maestrías en el extranjero

La gente habla de cómo le va a en la feria, así que no tomen como ley lo que escribo a continuación. Todo es basado en mi propia experiencia.

Hace dos meses y medio regresé a México, mi país natal. Sinceramente, volver a finales de septiembre no estaba entre mis planes porque yo quería quedarme hasta enero – mes en que caducaba mi visa de estudiante – porque en noviembre fue la ceremonia de premios del corto donde participé durante el verano y en diciembre fue la graduación de toga y birrete. Sin embargo, no me pude quedar más tiempo porque me enfermé y porque ya no me alcanzaba el dinero para seguirme manteniendo en un país tan caro como lo es Reino Unido.

Antes de irme a estudiar fuera, yo pensaba que las personas que se iban a estudiar a otros países eran brillantes y dedicadas porque para entrar a algunas universidades piden muchísmos documentos y requisitos. No obstante, estaba algo equivocada pues la mayoría de las personas que conocí en Cardiff eran – tal cual – hijos de papi/mirreyes que no sabían qué hacer de su vida y pensaron que una maestría les mataría el aburrimiento.

En serio.

No diré nombres, pero tuve compañeros que preferían irse a un concierto en Motorpoint Arena que a clase. Otros se fueron un mes entero de paseo en época de trabajos finales; otros se la pasaban en fiestas y otros, muy pocos, realmente  fueron a estudiar y a tratar de aprender lo que más que pudieron.

Además, muchos de los que terminaron su máster ahora se dedican a actividades totalmente diferentes. Por ejemplo, un compañero de clase decidió ya no seguir escribiendo y mejor dedicarse a dar clases de inglés en China (porque YOLO), y otro más igual se dedica a impartir clases de idiomas, pero en su país natal. ¿Entonces para qué rayos se fueron a hacer una maestría en artes, me pregunto? ¿Cuántos mexicanos brillantes pudieron haber aprovechado más esta oportunidad que estos dos chicos desorientados? (Hashtag, la vida no es justa).

Con esto se me quitó la idea de que todas las personas que logran irse al extranjero a estudiar eran las más capacitadas. La realidad es que quienes se pueden ir son los que pueden pagar la cuota de inscripción, el hospedaje, el boleto de avión y demás gastos. Yo me siento muy afortunada de haberme ido porque sé que muy pocos mexicanos logran salir de su país para estudiar una maestría. Sin embargo, esto no me ha abierto las puertas como pensaba – al menos no hasta ahora.

Antes de irme, platiqué con mis amigos y housemates que también habían ido a UK a hacer una maestría y el 90% de ellos estaba deprimido porque el curso que hicieron no había cubierto sus expectativas, ya sea porque no aprendieron realmente nada nuevo o nada que no pudieran inferir o encontrar en Google o en algún curso corto en su propio país (“Yeah, I did learn a lot but most of the things they taught me I could’ve just figured them out on the internet, you know?” Nerdy boy, USA). Y otros, como mi amiga de la India, estaban decepcionados por no recibir apoyo de su universidad para encontrar trabajo después de terminar sus estudios de posgrado (“You spend a lot of money on your education, especially if you go to study abroad and what do you get in return? Unemployment. Studying abroad is not as useful as they make you think.“) Ninguno quería regresar a su país de origen porque temían enfrentarse al desempleo y empezar desde cero… otra vez.

En México me he dado cuenta que muchos amigos tienen trabajo – bien pagado – sin siquiera haberse tenido que ir del país. ¿Entonces hacer maestría es una pérdida de tiempo? Este fenómeno no sólo le ocurre a los estudiantes que se van, sino también a los que se quedan. Por ejemplo, un amigo empezó su maestría justo después de haber terminado su carrera en la Facultad de Ciencias, de la cual salió con buen promedio y experiencia laboral de un año. No obstante, ahora que va a terminar sus dos años de maestría, no tiene empleo y lo más viable, por el momento, es dar clases en su universidad donde recibirá un salario muy inferior al que reciben sus amigos que no hicieron ningún estudio de posgrado y que al salir de la carrera – o antes – ya habían empezado a trabajar.

No les voy a mentir. Irse al extranjero es padre, es una experiencia única, te cambia la vida, aprendes mucho de los demás y de ti mismo, y de alguna forma maduras como individuo, pero tiene sus cosas malas también. No todas las personas pueden acceder a una educación internacional y el tener un posgrado fuera ya no es garantía de que tendrás empleo. De hecho, la única garantía de tenerlo es, precisamente, trabajando desde la carrera porque la mayoría de las empresas buscan gente con experiencia, más que alguien con excelente promedio o miles de diplomas.

Para muestra, un botón. Recientemente apliqué a un trabajo en audiovisuales y pasé el primer filtro. El segundo y último filtro era la entrevista. Me presenté, llegué a tiempo, me vestí formal, practiqué mis respuestas (más o menos imaginé el tipo de preguntas que me harían) y a los diez minutos de haber iniciado la entrevista, me di cuenta que el chico en cuestión no había leído para nada mi CV porque no sabía que me había ido a estudiar fuera (y eso es lo primero que aparece en mi currículum). Lo único que había visto había sido mi demo y mi portafolio fotográfico. No le importó que yo hubiese hecho un internship en la BBC. Como no tenía el mínimo de experiencia requerida – 3 años – me mandó a volar.

Yo sé que no es el fin del mundo y que no todo está perdido, pero yo me imaginaba otro panorama al regresar a México. Me siento frustrada pues estoy en la misma posición que cualquier recién egresado de 23 años, y por la edad ellos tienen más posibilidades que yo de ser contratado. ¿No es esto, acaso, injusto?

Lo es, pero así es como funciona el mundo.  Aquí y en todos lados. Tener una maestría y estudiar arduamente ya no es suficiente. Hay demasiada competencia allá afuera. Como diría Justine Musk,

“Vivimos en una cultura que celebra la determinación y el trabajo arduo, pero entiende: estas son las cualidades que te mantienen en el juego después de que muchas personas se han ido o hasta que alguien más grande y fuerte te arrastre de regreso al mar. Determinación y el trabajo duro son necesarios, sí, pero son los requisitos mínimos, en verdad: es lo más mínimo.

Pregúntate a ti mismo en qué tienes potencial, qué puedes ofrecer que sea tan único y útil que ninguna computadora te pueda reemplazar, que nadie pueda ocupar tu lugar, que nadie te pueda robar tu producto, mejorarlo y dejarte en el olvido.

Elige una cosa y conviértete en el mejor en eso. Escoge una segunda cosa y conviértete en el mejor en eso. El mundo no le avienta miles de millones de dólares a una persona sólo porque esa persona lo quiere o trabaja tan duro que cree que lo merece. (Al mundo no le importa lo que quieres o mereces). El mundo te da dinero a cambio de algo que percibe con un valor igual o mayor.”

No queda otra que picar piedra y seguir buscando. Alguna puerta se abrirá.

Bienvenida realidad.

FUENTE: Sopitas, “¿Te convertirás en multi-millonario si trabajas duro y estás determinado? No”, http://www.sopitas.com/701771-como-ser-millonario-elon-musk/ [15 de diciembre 2016]

Review: El cuello de Cristina

El sábado pasado tuve la oportunidad de ir a ver la obra de mi amigo Alejandro, a quien conozco desde hace más de 10 años. Después de dedicarse por casi una década al cine, “El Cuello de Cristina” es su debut en el mundo teatral, y qué mejor lugar para empezar una carrera en este campo que La Teatrería, espacio ubicado en la colonia Roma (¡me encantó su cafetería!). Las salas son pequeñas, aproximadamente tienen 30 butacas, y los escenarios no pasan de unos 15 metros cuadrados. Es un poco el estilo que tienen en Microteatro México, aunque aquí hay un poco más espacio para el público.

Hace tres años Alejandro hizo su ópera prima titulada “El Secreto Forresbank”. La película trata acerca de un junior (Mansell Boyd) que hereda una fortuna gracias a la muerte de su abuelo, un hombre con un pasado oscuro. Debido a esto, el dinero que el joven heredó era dinero sucio, probablemente producto de un crimen, pero él no lo sabía. Emocionado por las buenas nuevas, y también por su cumpleaños, hace una fiesta en su nueva casa – la mansión de su abuelo. Invita a sus dos (¿y tal vez únicos?) amigos (Miranda Rinaldi y Gerardo Cabal) a quienes lleva años sin ver por algunas diferencias que tuvieron años atrás. Estos dos amigos traman matarlo para quedarse con su herencia, pero fallan al ser descubiertos por unos criminales (Jorge Cassal, Román Segovia) implicados en el dinero sucio del abuelo.

En “El Cuello de Cristina”, Alejandro vuelve a colaborar con Gerardo Cabal, quien hace el papel del doctor Víctor, un hombre aparentemente tonto pero astuto, que busca vengarse de su esposa por haberle sido infiel. Ésa es su principal motivación aunque también está de por medio cobrar un seguro de decesos por la cantidad de 3 millones de pesos. Aquí nadie es ‘el bueno’ ni la víctima. Incluso Víctor es un hombre egoísta, más obsesionado e interesado por el dinero que por la vida de su esposa (Rebeca Gucón) y de su amante (Alexa Martín).

Esta historia es una comedia negra llena de enredos. El director vuelve a apoyarse en los mismos temas de su ópera prima: humor negro, traición, venganza, muerte, egoísmo y una crítica a la avaricia de la clase media – acomodada. Todos los personajes tienen instinto de asesinos (hasta la prima pseudo “monja” que viste con faldas largas) y viven en un mundo de apariencias y engaños, bajo el principio de que el fin justifica los medios.

“El Cuello de Cristina” se estará presentando cada sábado hasta el 29 de abril en la Teatría (Tabasco 152).

Apoyemos al teatro.

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Do you need feedback on your project?

Hello everyone,

As a writer, you always need someone to proofread and criticize your work. If you want to improve your story, this ‘someone’ shouldn’t be a random friend or your neighbour. This person needs to be someone with experience in storytelling.

I have just finished a screenwriting workshop with Enrique Rentería, a well-known Mexican screenwriter and novelist. During the workshop we had to read everyone else’s stories in order to give them feedback. It was quite fun and interesting to get to know other people’s work, and I must say the advice they gave me was pretty useful.

That being said, if you need feedback on your project, let me know. I will do my best to help you. But before you send me your work, make sure to have it registered at INDAUTOR (for Mexican writers) or at Writers Guild of America. I won’t read it if it’s not registered.

I will only accept story lines, plot lines, treatments and outlines. Please don’t send me screenplays.

Fifty pence ($12 pesos mexicanos) will be charged per page and the feedback will be sent seven working days after submission date. If your project is less than 10 pages, this service will be free.

This opportunity is open to all Spanish and English-speaking writers.

If you’ve got any doubts or questions, feel free to e-mail me: alma88_rc@hotmail.com

Fan Fic: Diario de una muggle

Hace cuatro años escribí un fan fic para “El Vortex” de una muggle que se adentra al mundo de Harry Potter.

Espero les guste:

Hola, soy Katie Batworthy. Vivo en Londres y tengo 16 años. Desde hace algunos años, muchas personas aseguraban haber visto carros voladores y personas que atravesaban la pared entre el andén 9 y 10 de la estación de trenes King’s Cross. Pues bien… ahora sé de qué hablaban. El año pasado, pude ir a ese mundo que todos pensaban que no existía. ¿Cómo fue que llegué ahí?

Ese día llovió más de lo usual para ser invierno. Yo me encontraba metida en mis pensamientos esperando el siguiente tren que me llevara a casa, cuando un señor de edad avanzada se sentó a mi lado. El lugar estaba a reventar y el autobús no llegaba. El señor me volteó a ver (cuando pudo haberse dirigido hacia alguien más) y me preguntó qué hora era, le contesté: “son las 4:24 pm”. Acto seguido, sacó un reloj muy extraño (más tarde descubrí que se trataba de un gira tiempo) y me dijo: “Mañana a las 9:34 am ve a King’s Cross y atraviesa el andén 9 3/4… sí existimos”  y desapareció. Sin pensarlo, al día siguiente fui al andén a la hora señalada y, cuando nadie podía verme, atravesé la pared.

Cuando pasé “al otro lado”, el señor de la estación estaba ahí. “Toma estas monedas de oro. Sólo puedes estar aquí tres días; de lo contrario, el hechizo protector que te hice se destruirá.” Puse cara de asombro. “Nadie debe saber que eres una muggle ¿de acuerdo? Diviértete.” Y desapareció de nuevo.

El primer día recorrí el callejón Diagon. Era como un gran mercado donde puedes comprar todo tipo de cosas como varitas mágicas, libros, calderos, túnicas y hasta artículos de broma. Yo solamente compré una poción de amor en Sortilegios Weasley para poderme ligar a Ryan, mi crush de la preparatoria.

Igualmente, en el callejón Diagon se encuentra el gran banco Gringotts, donde salvaguardan grandes bóvedas de lingotes de oro. El banco es atendido por duendes muy gruñones. Quería ir al callejón aledaño, Knockturn, pero varios magos me sugirieron que no fuera. No me dijeron las razones.

En el segundo día de mi visita al mundo mágico fui a Hogsmeade. Conocí a Glinda, una chica de familia muggle como yo que estudiaba en Hogwarts. Me dio un pequeño tour por el pueblo. “¿Cómo fue que pudiste entrar?”, me preguntó cuando íbamos camino a Honeydukes a comprar dulces. “Por alguna extraña razón, pude atravesar el andén 9 3/4.”, contesté. “Qué raro”, replicó Glinda.

Las ranas de chocolate y las grageas fueron de lo mejor a excepción de una que sabía a mocos. Después, fuimos a tomarnos una deliciosa cerveza de mantequilla en el bar ‘Las Tres Escobas’. Glinda me advirtió que nunca revelara que era muggle porque podría meterme en problemas. “Supuestamente, los muggles no deben saber que existimos”, me dijo. Después, mientras nos dirigíamos a Hogwarts, un enorme castillo estilo gótico, Glinda comentó: “no es fácil ser muggle aquí; mis compañeros me molestan mucho y a veces el señor Weasley, el del ministerio, se la pasa preguntándome para qué sirven las computadoras.”

Ya en Hogwarts, quedé asombrada por las escaleras movibles y por los cuadros cuyos personajes se movían como si fueran GIFs. De camino a la sala común, un fantasma llamado “Nick, casi decapitado” me saludó como si nada y no pude evitar sentir pavor. Glinda me presentó a sus amigos que no eran de sangre sucia (sí, al parecer también hay distinción de clases en este mundo). Uno de ellos estaba haciendo trucos de magia con su varita para el examen final de encantamientos. “¿No quieres intentarlo?” me preguntó, pero cuando tomé la varita y dije “Reparo” a una taza rota que estaba sobre la mesa, la varita la quemó y empezó a arder en mis manos; inmediatamente la solté. “Qué raro, esto nunca había pasado”, dijo el chico. “A lo mejor es porque ella no es la dueña de la varita”, explicó Glinda, un tanto nerviosa. “Sí, pero de cualquier forma, mi varita no hubiera comenzado a arder”, respondió el chico. “¿Vamos al baño, Katie?”, sugirió Glinda, desesperada por cambiar de tema y de lugar.

En la noche, antes de cenar, Glinda me dio una poción llamada “multijugos”, la cual me convirtió en una estudiante que se había ido de intercambio a la Academia Mágica Beauxbatons en Francia, muy amiga de Glinda. “Así, si te ve un profesor o un prefecto, nadie se dará cuenta. Tu nombre es Gina Abbot ¿de acuerdo?”, me explicó Glinda. Asentí. Me miré al espejo y mis ojos azules ahora eran marrones y mi cabello negro azabache ahora era rubio y largo. “Qué maravilla”, pensé. “Si en el mundo muggle tuviéramos esta poción, cualquiera podría convertirse en espía.”

El comedor era enorme. Las velas que lo alumbraban flotaban por encima de todas las mesas. ¿Y la comida? De lo mejor, en especial el pastel de calabaza. Todo iba bien hasta que el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras llamado Phillip Figg, de la casa de Slytheryn, me preguntó con un tono muy golpeado: “¿Qué haces aquí, Abbot? Pensé que seguías en Francia”. No supe qué contestar, pero finalmente dije: “tuve que regresar antes.” Me miró con detenimiento. “Si descubro que estás tramando algo, serán 50 puntos menos para Gryffindor”. Y se fue. Tragué saliva con dificultad.

En mi tercer y último día en el mundo mágico, Glinda me llevó a ver un partido de un juego llamado Quidditch. Es parecido al fútbol porque hay dos porterías, pero todo es sobre escobas voladoras (intenté subirme a una, pero al decirle “arriba”, se partió en dos. Glinda explicó que a lo mejor esa escoba ya estaba defectuosa). Al terminar, fuimos a celebrar el triunfo de Gryffindor sobre Ravenclaw en la sala común.

“¡Abbot, qué bueno que ya regresaste de Francia ¿qué tal el clima allá?”, me preguntó un chico pelirrojo que celebraba el triunfo de Gryffindor con nosotros. “Ehmm… très chaud”, respondí. “Jajaja, veo que aprendiste francés ¿y cómo te fue con la tarea de defensa contra las artes oscuras el año pasado? ¡Ya no me contaste!”, dijo mientras bebía un vaso de jugo de calabaza. “Muy bien…”, mentí. “¡Qué bueno! Me gustaría ver algún día tu patronus“, contestó, me dio un beso muy cerca de los labios y me guiñó el ojo. Me sonrojé. “¿Los chicos de este mundo son igual de aventados que los del mundo muggle?” le pregunté a Glinda. Ella, conteniendo la risa, dijo: “No, para nada. Es que Galbraith ha estado enamorado de Abbot desde el primer año.”

Por la noche, y ya con mi aspecto habitual, Glinda fue a despedirme al expreso de Hogwarts. “Te enviaré una lechuza de vez en cuando”, me dijo. “Perdón, pero no permiten mascotas en mi unidad habitacional”, contesté. “Ehmm… me refería a que te enviaré cartas”, dijo. “Nah, mejor mándame un e-mail o un whats“, y le di mi dirección y mi teléfono.

Una vez que encontré lugar en un vagón, me puse a leer un artículo del diario El Quisquilloso (The Quibbler), donde hablaban sobre unos exploradores que habían encontrado especias mágicas en una comunidad lejana y desconocida de centauros. Descubrieron que tenían poderes curativos. “No se ha probado en humanos todavía, pero en animales y en criaturas mágicas ya funcionó”, decía uno de ellos. Por alguna razón me pareció poco creíble lo que publicaban en esa revista, así que saqué de mi mochila un ejemplar de El Profeta, el periódico que leían todos los estudiantes y profesores de Hogwarts. “Es como leer The Guardian en 2.0″, pensé.

Mi lectura se vio interrumpida por la llegada de una bruja que llevaba en sus brazos a un gato negro. Sin saludarme, dejó su equipaje y dijo: “ahora vengo Robert” y salió del vagón. Como si me fuera a contestar, le empecé a hacer la plática al minino. “Mi gatita se llama Luna, es blanca y muy linda”, le dije. Después, recordé que tenía una lata de atún en mi mochila. “¿Tienes hambre?” pregunté y me volteé para sacar la lata. Cuando volví la vista hacia el gato, éste ya no estaba. En su lugar, había un chico vestido con una túnica negra. “¿Gatito, dónde estás?”, dije buscando entre los asientos.

Minutos después, llegó la bruja con un muffin en la mano. “¡Maldición! Va a pensar que dejé escapar a su mascota”, pensé. Ella sonrió y se dirigió al chico. “Robert, acéptale el atún a la chica, no seas grosero.” Me quedé perpleja. “¿O sea que eres… un animago?” pregunté. Glinda ya me había explicado qué era eso. “Sí, ¿tú también?”, interrogó el chico. “No, ¡pero eso es muy cool!”, dije muy emocionada.

Finalmente, como cuarenta minutos después, arribé al mundo muggle. Me despedí de mis nuevos amigos y al salir de King’s Cross, tomé un taxi. Al llegar a casa, encontré a mi mamá viendo Britain’s got talent y leyendo chismes sobre la familia real. “¿Cómo te la pasaste en casa de Beatrice? Por cierto, te llegó un paquete y una carta, Katie”, dijo sin voltear a verme. (Sí, le dije que iba a pasar el fin de semana en casa de mi mejor amiga). “Bien, te manda saludos”, mentí.

Sobre la mesa de la sala yacía una caja envuelta en papel blanco y la carta. Abrí primero la carta. Era de Glinda. “¡Hola Katie! Te mandé solicitud de amistad en Facebook.” Junto con la carta, venía una foto de nosotras en Hogsmeade haciendo “salud” con nuestros tarros de cerveza. Sonreí. Minutos después, abrí el paquete. Venía con un mensaje de parte de un tal señor Spinnet. “Katie. Eres la única muggle que conoce el mundo mágico. Nos serías de mucha ayuda en el ministerio para estudiar a los de tu especie. Nos gustaría tener una reunión contigo el próximo miércoles 31 de julio. Junto con esta carta vienen unos polvos flu. Lánzalos en una chimenea y pronuncia *callejón Diagon*, ahí te veremos a las 7:31 pm. Atte, Theophilus Spinnet.”

El 31, alrededor de las 7:20 pm, lancé el polvo flu en la chimenea pero, por alguna razón, en lugar de pronunciar *callejón Diagon* dije “¡Callejón Knockturn!”

El resto es historia.

My experience as an international student in the UK

Time flies! A year ago I was packing up my stuff and having farewell parties with friends and family because I was going to be away for a year… and now I will be back home in less than a month! What an adventure this year has been! I’m so sad this journey is coming to an end but I’m glad I had the determination to get out of my comfort zone and leave my country. I am more mature now and I value my family more than ever.

Writing in a foreign language

One of the toughest things that I had to deal with while studying in the UK was not the weather or the different kind of food, but the language barrier. Although I’ve been studying English for nearly 20 years (I began to learn it when I was in elementary school) writing scripts in this language was certainly a challenge. For example, writing dialogues is one of the hardest parts, as you don’t know all the colloquial expressions and the slang that native speakers use in their everyday life. Because of this, you can’t say everything you want to say in the exact way you want to say it.

This happened to me while I was writing the full-length script for my major project. The writing process was intense but enjoyable, and it took me the whole year to clarify what I wanted to tell. At first, my story was supposed to be a musical about a woman who suffered from the Cinderella Complex. Then, it turned to a TV series about a 40-something ill woman who gets pregnant just right after divorcing her husband and then, a few weeks before turning in the final treatment, I changed it to the story I’m currently developing.

Regarding the character creation, I identified with my alter ego Stella because she’s as selfish, ambitious, perfectionist and self-centered as I am. Every time I had to find her journey (what she wanted, her inner goal and conscious goal) I felt I was doing self-therapy on myself. It was an interesting introspection exercise that made think about the way I see love and relationships.

Meeting people

Being away and living in another country was very useful for writing because I could visit new places for inspiration (like Cathays Cemetery), as well as people with interesting life stories. For instance, I met a lawyer from Oxford University who decided to pursue a career in filmmaking at the age of 45; a Peruvian single mother that rents flats to students to make a living; a waiter whose dream is becoming a professional rugby player; a music composition student that works in a Waitrose store and as an extra in soap operas to pay his student loans; an aboriginal Australian teenager that came to Cardiff for 18 months as a missionary of the Church of Jesus Christ of Latter Day Saints; a homeless guy from Swansea that once dreamed of being a professional actor; a Portuguese Tesco bodyguard that used to be a cook in his early years… and many more. This is something that you only find in a cosmopolitan city like Cardiff.

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Also, working in an independent production company (It’s My Shout) and in random things that I had never done before (till cashier, extra, bar staff, nightclub photographer), as well as visiting places that I thought I would never have the chance to visit (like Stonehenge and London), and sharing a flat with people from different cultures, religions and backgrounds have certainly enriched my experience and allowed me to learn other ways of thinking, beliefs, different ways to see life, and what’s more important: make friends from different parts of the world!

So… what’s next?

I’m aware finding a job as a screenwriter is quite hard but I’ll stay positive. I do think everyone makes their own luck, so I will send some of my scripts to competitions and I’m thinking of becoming a teacher, as well. Whatever happens, I’m looking forward to starting a new chapter in my life when I get back home. Like they say, “the best is yet to come”.

Diolch Caerdydd for an amazing year.

(This post was also published in the web site of the university: http://international.southwales.ac.uk/profile/alma-ramirez-ma-scriptwriting-mexico-city/en/ )