And suddenly, everything made sense!

In February of this year I listened to a radio podcast on Asperger Syndrome by chance. The interviewer was speaking to a 45 old-man who knew he had this condition when he was 42. He said he felt relieved when he knew he had AS. “Everything made sense”, he said. I didn’t understand why he was saying that… until now.

I was diagnosed with Asperger syndrome like two months ago. I thought the doctor would say to me that I had depression or anxiety (like other doctors had always told me before), but this time was different: my life was awesome and I didn’t have anything to complain about. So…

WHAT WAS GOING ON??

Why I was feeling like a fish out of water in my new job? Why this was affecting me so much? Why I had panic attacks before going to sleep?

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When I told my parents and close friends about my condition, they said it didn’t surprise them. “It makes sense”, my mom said. Now they know why I don’t like to go to parties, why I tend to overthink about everything, why I am obsessive with certain topics (like films and TV series), why I don’t have a flexible way of thinking, why I don’t have much friends (I tend to be brutally honest when giving an opinion), and a long list of “features” that people with Asperger have.

Learning about this syndrome has made me feel relieved as well, as I understand why I behave and think they way I do.

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Since the diagnose, I’m trying to find more “aspies” like me and I’m doing my best to be more empathetic and sociable with all the people I meet. However, it is a process and I know it won’t be easy and it will take time.

 

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In the radio podcast I listened to, the 45 year-old man said he would have liked to be diagnosed at a very early age because it could’ve saved him a lot of personal problems. For example, he had trouble with having long and lasting relationships and with making friends at work. “I thought I was just weird. I didn’t think my isolation was part of a mental condition”, he said.

So… if you know someone who might have this syndrome or you think you might have it, see a shrink and ask him(her) to test you. Literally, a diagnose on time will change your life for the better

Thanks for reading 🙂

 

 

 

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Lady Bird: aprendiendo a volar

La adolescencia es uno de los momentos más vulnerables y difíciles de sobrellevar en la vida de cualquier persona, ya que es la etapa donde se tiene la primera desilusión amorosa, la primera experiencia sexual, las primeras dudas sobre quiénes somos en realidad y es, inevitablemente, el punto de partida hacia la adultez y la madurez.

Greta Gerwig (¿la nueva Sofia Coppola?) debuta como directora con su largometraje autobiográfico Lady Bird (2017), una comedia y un coming of age que relata la vida de Christine, alias “Lady Bird” (Saoirse Ronan), una adolescente que está harta de vivir en Sacramento (California) y que sueña con irse a vivir a Nueva York, where culture is (“donde está la cultura”).

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Corre el año 2002. Christine y su madre Marion (Laurie Metcalf) despiertan en un hotel de paso y se alistan para volver a casa. Ambas acaban de visitar varias universidades estatales para que Christine decida a cuál quiere aplicar al terminar su último año en la preparatoria “Inmaculado Corazón”, una escuela católica dirigida por monjas. En el camino de regreso, Christine discute con su madre sobre varias cosas: que si no ha pasado su examen de conducir, que si no se lleva bien con su hermano, que si no es lo suficientemente inteligente para estudiar en Nueva York, que si es demasiado egoísta para pensar en los demás, y un largo etcétera. Para dar punto final a esta pelea que parece no tener fin, Christine opta por hacer algo poco convencional: salirse de la puerta del coche en pleno movimiento. Con esta acción, el personaje de “Lady Bird” se presenta como una adolescente rebelde, incomprendida, con una meta clara a seguir y, sobre todo, como una persona que no está dispuesta a acatar las reglas de la autoridad (y mucho menos si se trata de su propia madre).

En esta travesía hacia la adultez y hacia el encuentro consigo misma, “Lady Bird” conoce a Danny (Lucas Hedges), un chico de origen irlandés con un gran talento para la comedia musical. El inicio de su noviazgo es tan fugaz como su relación misma, lo cual deja a Christine triste y ávida por atención y porque alguien la acepte por ser quien es. Es así que empieza a salir con Kyle (Timothée Chalamet), un muchacho guapo y rico, que no le corresponde como ella quisiera, pues él está más interesado por la guerra en Irak y por las teorías de la conspiración, que por la atracción que ella siente por él.

Spoiler alert

La transformación de “Lady Bird” – la adolescente inmadura e impulsiva – a Christine “a secas” se vuelve tangible en su cumpleaños número 18. Hasta este momento “Lady Bird” se siente lista para “volar”y para concluir ciclos en su vida al reconciliarse con su hermano anarquista Miguel (Jordan Rodrigues) y con su única y leal amiga Julie (Beanie Feldstein), con quien había dejado de hablar desde que empezara a andar con Kyle. Al mismo tiempo, Christine consigue aprobar su examen de conducir y cumplir su más grande sueño: ser aceptada en una universidad en la ciudad de sus sueños.

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Todos se alegran por ella, menos su madre, quien se resiste a dejarla ir y se ve incapaz de poderse despedir de ella en el aeropuerto. Sin embargo, su esposo Larry (Tracy Letts), siempre en su papel de mediador, se encarga de poner en la maleta de Christine todas las cartas que Marion le había estado escribiendo antes de su partida, pero que nunca se atrevió a darle. Al llegar a su pequeño cuarto de estudiantes en la Gran Manzana y después de leer todas esas cartas, Christine decide, por fin, hacer las paces con su madre y, en especial, consigo misma.

La manera tan natural y orgánica de Gerwig de balancear el drama y la comedia, hacen de Lady Bird una pequeña obra maestra que no le pide nada a otras grandes joyas del género como Juno (Jason Reitman, 2007) o Clueless (Amy Heckerling, 1995). Es, además, la única película dirigida por una mujer que está nominada a los premios de la Academia de este año y que ya cuenta con dos Globos de Oro a Mejor Película de Comedia y Mejor Actriz de Comedia por Ronan.

Definitivamente habrá que seguir de cerca el trabajo de Gerwig en los próximos años; sin duda, una de las jóvenes promesas que tiene Hollywood, hoy en día.

Carne y Arena: review (English and Spanish)

In only 7 minutes, director and Oscar winner, Alejandro G. Iñárritu, portrays quite well the fear, anguish and pain suffered by migrants on the border trying to cross the desert.

You enter a cold room where you see shoes of real migrants; your heart tears apart when you see that among all those worn shoes, there are four or five that once belonged to children who were no more than 3 years old. You are asked to take off your shoes and socks and to enter the second room when you hear an alarm.

In that room, full of sand, a woman hands you a backpack and puts you an Oculus Rift visor on. The experience begins.

* SPOILER ALERT *

Now you are in the desert and you start hearing the voices of children and their families next to you. Suddenly, shots are heard in the distance. The border patrol, with guard dogs and helicopters have caught them. “Give me the name of your pollero!” They shout. With a little perfect English, a woman responds “No podemos. They kill us!” She says. You see an elderly lady lying on the floor, tired, injured and scared. The policeman asks the youngest child how old he is while pointing his gun at him. The dogs do not stop barking loudly. You are just a spectator whom nobody sees, but you can feel and hear their fear. Children cry, adults pray. A lady sings a lullaby. Seconds later, a white light blinds your sight. A patrolman has seen you. Yes, you, the spectator. He points a gun at you and orders you not to move. Tears come to your eyes. “This is it”, you think. After that, everything fades out and you return to the desolate desert. You see the water bottles and the lunch boxes of the children they took away.

The experience ends. Your clothes are stained with sand. You go to another room to pick up your shoes. Then, you walk on a long dark corridor while you read the testimony of many migrants who managed to cross to the other side.

You see the face of a Honduran migrant who looks at you solemnly. After spending four days without food and water and being humiliated and mistreated for many years,  he has achieved a stable life in the United States: “I’m happy because I’m still alive … and that’s the important thing.”

Carne y Arena will be at CCU Tlatelolco until May 17 of this year.

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En sólo 7 minutos, Iñárritu logra transmitir el miedo, angustia y dolor que sufren los migrantes en la frontera al tratar de cruzar el desierto.

Al entrar, llegas a un cuarto frío donde ves zapatos de migrantes reales; se te parte el corazón cuando ves que entre todos esos zapatos desgastados, hay varios que alguna vez pertenecieron a un niño de no más de 3 años.
Se te pide que tú también te quites los zapatos y calcetines y entres a la segunda sala cuando escuches una alarma, muy parecida a la de una patrulla.

En esa sala, llena de arena, se te coloca una mochila al hombro y unos visores de realidad virtual.

*SPOILERS ALERT*

Ahora te encuentras en el desierto y empiezas a escuchar voces de niños y de sus familias. De repente, se escuchan disparos a lo lejos. Un helicóptero y la patrulla fronteriza con perros de guardia los han acorralado. “¡Deme el nombre de su pollero!” Gritan. Con un inglés poco perfecto, una mujer responde “No podemos. They kill us!” Dice. Ves a una señora de edad avanzada tirada en el suelo, cansada, herida y asustada. El policía le pregunta al niño más pequeño cuántos años tiene mientras le apunta con su arma. Los perros no dejan de ladrar. Tú eres sólo un espectador a quien nadie ve, pero puedes sentir y escuchar su miedo. Los niños lloran, los adultos rezan. Una señora canta una canción de cuna. Segundos después, una luz blanca ciega tu vista. Un patrullero te ha visto. Sí, a ti, el espectador. Te apunta con un arma y te ordena que no te muevas. Se te salen las lágrimas y no puedes evitar pensar que ya todo para ti ha terminado. Después todo se va a negros y regresas al desierto desolado. Ves las cantinfloras y las loncheras de los niños que se llevaron.

Termina la experiencia. Tu ropa está manchada de arena. Descalzo vas a otra habitación a recoger tus zapatos. Caminas sobre un pasillo largo y oscuro mientras lees los testimonios de migrantes que lograron cruzar al otro lado.

Ves el rostro de un migrante hondureño que te ve con solemnidad. Después de pasar hambre, robos y maltrato, ahora tiene una vida estable allá: “Estoy feliz porque sigo vivo… y eso es lo importante”

Carne y Arena estará hasta el 17 de mayo de este año en CCU Tlatelolco.

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Master Class: Tim Burton

La primera película que vi de Tim Burton fue “El joven manos de tijera” y después “El extraño mundo de Jack”; tenía sólo 11 años. Quedé tan fascinada por su obra que el primer cosplay que hice fue de Lydia Deetz y escribí mi tesis de licenciatura sobre cinco de sus filmes. Me identifico con él porque yo también soy una persona tímida e introvertida. Vaya, hasta un profesor en segundo semestre de la carrera me dijo que parecía un personaje de Tim Burton por mi físico y mi manera de ser (no sé si tomarlo como un halago o no). Entonces, cuando supe que su exposición del MoMa iba a estar en México (y corregida y aumentada, además), me emocioné muchísimo.

Desde septiembre, en redes sociales empezaron a surgir varios concursos para una master class y para visitar la exhibición de manera gratuita (la entrada cuesta $300 pesos). Recuerdo que fue justo el día del terrible sismo del 19-s cuando vi la convocatoria para asistir a la master class. Después, se me olvidó por completo porque me tuve que mudar y entré a otro concurso que me mantuvo ocupada todo un mes. Fue hasta el viernes 24 de noviembre cuando vi que la convocatoria ya estaba a punto de cerrar y entré en pánico. “¡CÓMO PUDISTE OLVIDARLO!” – pensé.

Rápidamente desempolvé de entre mis trabajos uno que fuera digno de concurso y, para mi suerte, encontré una ilustración que había hecho para un taller, hace 6 años. Le di un retoque y la envié, esperando lo mejor. Cuatro días después, me notificaron que había sido seleccionada y estaba que no me la creía. Hasta se me había olvidado lo mal que me había ido en una cita a ciegas que tuve ese mismo día. Nada importaba. Por fin iba a conocer a Tim Burton. Era la más feliz.

El día llegó. Llegué al Centro Cultural Roberto Cantoral a las 5:15 pm y ya había muchísima gente formada (yo creo que ellos debieron haber llegado como a las 2 pm, aproximadamente). Nos habían citado a las 6 pm y entramos al recinto hasta las 8:20 pm. Estuve tres horas y 5 minutos esperando. La verdad fue molesto porque se suponía que nos ingresarían a las 7:30 pm.

Cuando entré nos dijeron a todos que no podíamos tomar fotografías ni video, lo cual me pareció mala onda, pero como era un evento privado y ya había esperado demasiado, me dio igual. “YA QUIERO VERLO”, pensé desesperada. La master class empezó a las 8:27 pm e inevitablemente sentí un regocijo cuando vi a Tim entrar al escenario. Hasta taquicardia me dio. Burton se veía muy delgado, cansado, vestía todo de negro con calcetines a rayas y su cabello lucía despeinado.

Lo que presenciamos durante la hora que duró el evento no fue una master class sino una entrevista con las preguntas que los mismos participantes habían enviado. Noté que las preguntas que le hicieron a Tim fueron casi las mismas que ya le habían hecho en entrevistas anteriores, así que sus respuestas eran similares. Por eso creo que lo mejor hubiera sido una tipo “Ted Talk” para aprender a detalle sobre su flujo de trabajo y experiencia trabajando para grandes estudios como Disney, pero bueno. No todo fue malo. Aprendí aspectos nuevos de su vida como:

  • Cuando era muy joven trabajó en un restaurante. Él odiaba ese trabajo, pero comentó que a veces es necesario tener un empleo que odias para valorar tus logros.
  • Nunca en su vida se dedicaría a actuar. Incluso, cuando ha llegado a salir en cameos en sus películas, siempre termina cortando sus escenas pues odia verse en pantalla.
  • No le gustaría que se hiciera una película sobre su vida y no tiene idea de quién sería el actor indicado para interpretarlo. No, Johnny Depp no. Él lo dijo.
  • Siempre fue un chico retraído con problemas de lenguaje, por eso le era más fácil comunicarse con los demás a través de sus dibujos.
  • Tiene una cierta obsesión por los ojos. “Son la ventana del alma”, dijo.
  • Considera que la soledad y la tristeza le ayudaron a ser creativo.
  • Se siente afortunado de haber podido conocer a sus grandes ídolos (Christopher Lee y Vincent Price) a una edad muy joven.
  • Disfruta más haciendo películas en stop motion que live-action.
  • A lo mejor hará una película sobre luchadores mexicanos. (Esperemos que sí)
  • Se siente muy identificado con Edward Scissorhands, Ed Wood y Jack Skellington
  • Antes de que fuera película, “El extraño mundo de Jack” iba a ser un libro infantil, pero las editoriales lo rechazaron.
  • De niño, una vez se imaginó a un payaso flotante y esa idea lo aterró por años.
  • Solía jugar baseball en su niñez.

Alrededor de las 9:30 pm, cuando la entrevista terminó, los chavos que estaban en los asientos más cercanos al escenario corrieron a saludar a Tim y a darle obsequios. Burton se portó súper buena onda y recogió los regalos que le aventaron quienes se encontraban más lejos del escenario. También firmó libros y estrechó la mano de varios de sus fans. Yo creo que se sintió muy abrumado, pues la gente no lo quería dejar ir. Fue entonces que alguien de su equipo tuvo que decirle a todos que ya debía retirarse y así fue como concluyó el encuentro.

En mi vida creí que llegaría a conocer a la persona sobre la que hice mi tesis, así que ese evento será un día que jamás olvidaré.

Nos leemos en la próxima.

*La exposición de Tim Burton se estará exhibiendo hasta el 8 de abril del próximo año*

Review: El cuello de Cristina

El sábado pasado tuve la oportunidad de ir a ver la obra de mi amigo Alejandro, a quien conozco desde hace más de 10 años. Después de dedicarse por casi una década al cine, “El Cuello de Cristina” es su debut en el mundo teatral, y qué mejor lugar para empezar una carrera en este campo que La Teatrería, espacio ubicado en la colonia Roma (¡me encantó su cafetería!). Las salas son pequeñas, aproximadamente tienen 30 butacas, y los escenarios no pasan de unos 15 metros cuadrados. Es un poco el estilo que tienen en Microteatro México, aunque aquí hay un poco más espacio para el público.

Hace tres años Alejandro hizo su ópera prima titulada “El Secreto Forresbank”. La película trata acerca de un junior (Mansell Boyd) que hereda una fortuna gracias a la muerte de su abuelo, un hombre con un pasado oscuro. Debido a esto, el dinero que el joven heredó era dinero sucio, probablemente producto de un crimen, pero él no lo sabía. Emocionado por las buenas nuevas, y también por su cumpleaños, hace una fiesta en su nueva casa – la mansión de su abuelo. Invita a sus dos (¿y tal vez únicos?) amigos (Miranda Rinaldi y Gerardo Cabal) a quienes lleva años sin ver por algunas diferencias que tuvieron años atrás. Estos dos amigos traman matarlo para quedarse con su herencia, pero fallan al ser descubiertos por unos criminales (Jorge Cassal, Román Segovia) implicados en el dinero sucio del abuelo.

En “El Cuello de Cristina”, Alejandro vuelve a colaborar con Gerardo Cabal, quien hace el papel del doctor Víctor, un hombre aparentemente tonto pero astuto, que busca vengarse de su esposa por haberle sido infiel. Ésa es su principal motivación aunque también está de por medio cobrar un seguro de decesos por la cantidad de 3 millones de pesos. Aquí nadie es ‘el bueno’ ni la víctima. Incluso Víctor es un hombre egoísta, más obsesionado e interesado por el dinero que por la vida de su esposa (Rebeca Gucón) y de su amante (Alexa Martín).

Esta historia es una comedia negra llena de enredos. El director vuelve a apoyarse en los mismos temas de su ópera prima: humor negro, traición, venganza, muerte, egoísmo y una crítica a la avaricia de la clase media – acomodada. Todos los personajes tienen instinto de asesinos (hasta la prima pseudo “monja” que viste con faldas largas) y viven en un mundo de apariencias y engaños, bajo el principio de que el fin justifica los medios.

“El Cuello de Cristina” se estará presentando cada sábado hasta el 29 de abril en la Teatría (Tabasco 152).

Apoyemos al teatro.

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La realidad de las maestrías en el extranjero

La gente habla de cómo le va a en la feria, así que no tomen como ley lo que escribo a continuación. Todo es basado en mi propia experiencia.

Hace dos meses y medio regresé a México, mi país natal. Sinceramente, volver a finales de septiembre no estaba entre mis planes porque yo quería quedarme hasta enero – mes en que caducaba mi visa de estudiante – porque en noviembre fue la ceremonia de premios del corto donde participé durante el verano y en diciembre fue la graduación de toga y birrete. Sin embargo, no me pude quedar más tiempo porque me enfermé y porque ya no me alcanzaba el dinero para seguirme manteniendo en un país tan caro como lo es Reino Unido.

Antes de irme a estudiar fuera, yo pensaba que las personas que se iban a estudiar a otros países eran brillantes y dedicadas porque para entrar a algunas universidades piden muchísmos documentos y requisitos. No obstante, estaba algo equivocada pues la mayoría de las personas que conocí en Cardiff eran – tal cual – hijos de papi/mirreyes que no sabían qué hacer de su vida y pensaron que una maestría les mataría el aburrimiento.

En serio.

No diré nombres, pero tuve compañeros que preferían irse a un concierto en Motorpoint Arena que a clase. Otros se fueron un mes entero de paseo en época de trabajos finales; otros se la pasaban en fiestas y otros, muy pocos, realmente  fueron a estudiar y a tratar de aprender lo que más que pudieron.

Además, muchos de los que terminaron su máster ahora se dedican a actividades totalmente diferentes. Por ejemplo, un compañero de clase decidió ya no seguir escribiendo y mejor dedicarse a dar clases de inglés en China (porque YOLO), y otro más igual se dedica a impartir clases de idiomas, pero en su país natal. ¿Entonces para qué rayos se fueron a hacer una maestría en artes, me pregunto? ¿Cuántos mexicanos brillantes pudieron haber aprovechado más esta oportunidad que estos dos chicos desorientados? (Hashtag, la vida no es justa).

Con esto se me quitó la idea de que todas las personas que logran irse al extranjero a estudiar eran las más capacitadas. La realidad es que quienes se pueden ir son los que pueden pagar la cuota de inscripción, el hospedaje, el boleto de avión y demás gastos. Yo me siento muy afortunada de haberme ido porque sé que muy pocos mexicanos logran salir de su país para estudiar una maestría. Sin embargo, esto no me ha abierto las puertas como pensaba – al menos no hasta ahora.

Antes de irme, platiqué con mis amigos y housemates que también habían ido a UK a hacer una maestría y el 90% de ellos estaba deprimido porque el curso que hicieron no había cubierto sus expectativas, ya sea porque no aprendieron realmente nada nuevo o nada que no pudieran inferir o encontrar en Google o en algún curso corto en su propio país (“Yeah, I did learn a lot but most of the things they taught me I could’ve just figured them out on the internet, you know?” Nerdy boy, USA). Y otros, como mi amiga de la India, estaban decepcionados por no recibir apoyo de su universidad para encontrar trabajo después de terminar sus estudios de posgrado (“You spend a lot of money on your education, especially if you go to study abroad and what do you get in return? Unemployment. Studying abroad is not as useful as they make you think.“) Ninguno quería regresar a su país de origen porque temían enfrentarse al desempleo y empezar desde cero… otra vez.

En México me he dado cuenta que muchos amigos tienen trabajo – bien pagado – sin siquiera haberse tenido que ir del país. ¿Entonces hacer maestría es una pérdida de tiempo? Este fenómeno no sólo le ocurre a los estudiantes que se van, sino también a los que se quedan. Por ejemplo, un amigo empezó su maestría justo después de haber terminado su carrera en la Facultad de Ciencias, de la cual salió con buen promedio y experiencia laboral de un año. No obstante, ahora que va a terminar sus dos años de maestría, no tiene empleo y lo más viable, por el momento, es dar clases en su universidad donde recibirá un salario muy inferior al que reciben sus amigos que no hicieron ningún estudio de posgrado y que al salir de la carrera – o antes – ya habían empezado a trabajar.

No les voy a mentir. Irse al extranjero es padre, es una experiencia única, te cambia la vida, aprendes mucho de los demás y de ti mismo, y de alguna forma maduras como individuo, pero tiene sus cosas malas también. No todas las personas pueden acceder a una educación internacional y el tener un posgrado fuera ya no es garantía de que tendrás empleo. De hecho, la única garantía de tenerlo es, precisamente, trabajando desde la carrera porque la mayoría de las empresas buscan gente con experiencia, más que alguien con excelente promedio o miles de diplomas.

Para muestra, un botón. Recientemente apliqué a un trabajo en audiovisuales y pasé el primer filtro. El segundo y último filtro era la entrevista. Me presenté, llegué a tiempo, me vestí formal, practiqué mis respuestas (más o menos imaginé el tipo de preguntas que me harían) y a los diez minutos de haber iniciado la entrevista, me di cuenta que el chico en cuestión no había leído para nada mi CV porque no sabía que me había ido a estudiar fuera (y eso es lo primero que aparece en mi currículum). Lo único que había visto había sido mi demo y mi portafolio fotográfico. No le importó que yo hubiese hecho un internship en la BBC. Como no tenía el mínimo de experiencia requerida – 3 años – me mandó a volar.

Yo sé que no es el fin del mundo y que no todo está perdido, pero yo me imaginaba otro panorama al regresar a México. Me siento frustrada pues estoy en la misma posición que cualquier recién egresado de 23 años, y por la edad ellos tienen más posibilidades que yo de ser contratado. ¿No es esto, acaso, injusto?

Lo es, pero así es como funciona el mundo.  Aquí y en todos lados. Tener una maestría y estudiar arduamente ya no es suficiente. Hay demasiada competencia allá afuera. Como diría Justine Musk,

“Vivimos en una cultura que celebra la determinación y el trabajo arduo, pero entiende: estas son las cualidades que te mantienen en el juego después de que muchas personas se han ido o hasta que alguien más grande y fuerte te arrastre de regreso al mar. Determinación y el trabajo duro son necesarios, sí, pero son los requisitos mínimos, en verdad: es lo más mínimo.

Pregúntate a ti mismo en qué tienes potencial, qué puedes ofrecer que sea tan único y útil que ninguna computadora te pueda reemplazar, que nadie pueda ocupar tu lugar, que nadie te pueda robar tu producto, mejorarlo y dejarte en el olvido.

Elige una cosa y conviértete en el mejor en eso. Escoge una segunda cosa y conviértete en el mejor en eso. El mundo no le avienta miles de millones de dólares a una persona sólo porque esa persona lo quiere o trabaja tan duro que cree que lo merece. (Al mundo no le importa lo que quieres o mereces). El mundo te da dinero a cambio de algo que percibe con un valor igual o mayor.”

No queda otra que picar piedra y seguir buscando. Alguna puerta se abrirá.

Bienvenida realidad.

FUENTE: Sopitas, “¿Te convertirás en multi-millonario si trabajas duro y estás determinado? No”, http://www.sopitas.com/701771-como-ser-millonario-elon-musk/ [15 de diciembre 2016]