Carne y Arena: review (English and Spanish)

In only 7 minutes, director and Oscar winner, Alejandro G. Iñárritu, portrays quite well the fear, anguish and pain suffered by migrants on the border trying to cross the desert.

You enter a cold room where you see shoes of real migrants; your heart tears apart when you see that among all those worn shoes, there are four or five that once belonged to children who were no more than 3 years old. You are asked to take off your shoes and socks and to enter the second room when you hear an alarm.

In that room, full of sand, a woman hands you a backpack and puts you an Oculus Rift visor on. The experience begins.

* SPOILER ALERT *

Now you are in the desert and you start hearing the voices of children and their families next to you. Suddenly, shots are heard in the distance. The border patrol, with guard dogs and helicopters have caught them. “Give me the name of your pollero!” They shout. With a little perfect English, a woman responds “No podemos. They kill us!” She says. You see an elderly lady lying on the floor, tired, injured and scared. The policeman asks the youngest child how old he is while pointing his gun at him. The dogs do not stop barking loudly. You are just a spectator whom nobody sees, but you can feel and hear their fear. Children cry, adults pray. A lady sings a lullaby. Seconds later, a white light blinds your sight. A patrolman has seen you. Yes, you, the spectator. He points a gun at you and orders you not to move. Tears come to your eyes. “This is it”, you think. After that, everything fades out and you return to the desolate desert. You see the water bottles and the lunch boxes of the children they took away.

The experience ends. Your clothes are stained with sand. You go to another room to pick up your shoes. Then, you walk on a long dark corridor while you read the testimony of many migrants who managed to cross to the other side.

You see the face of a Honduran migrant who looks at you solemnly. After spending four days without food and water and being humiliated and mistreated for many years,  he has achieved a stable life in the United States: “I’m happy because I’m still alive … and that’s the important thing.”

Carne y Arena will be at CCU Tlatelolco until May 17 of this year.

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En sólo 7 minutos, Iñárritu logra transmitir el miedo, angustia y dolor que sufren los migrantes en la frontera al tratar de cruzar el desierto.

Al entrar, llegas a un cuarto frío donde ves zapatos de migrantes reales; se te parte el corazón cuando ves que entre todos esos zapatos desgastados, hay varios que alguna vez pertenecieron a un niño de no más de 3 años.
Se te pide que tú también te quites los zapatos y calcetines y entres a la segunda sala cuando escuches una alarma, muy parecida a la de una patrulla.

En esa sala, llena de arena, se te coloca una mochila al hombro y unos visores de realidad virtual.

*SPOILERS ALERT*

Ahora te encuentras en el desierto y empiezas a escuchar voces de niños y de sus familias. De repente, se escuchan disparos a lo lejos. Un helicóptero y la patrulla fronteriza con perros de guardia los han acorralado. “¡Deme el nombre de su pollero!” Gritan. Con un inglés poco perfecto, una mujer responde “No podemos. They kill us!” Dice. Ves a una señora de edad avanzada tirada en el suelo, cansada, herida y asustada. El policía le pregunta al niño más pequeño cuántos años tiene mientras le apunta con su arma. Los perros no dejan de ladrar. Tú eres sólo un espectador a quien nadie ve, pero puedes sentir y escuchar su miedo. Los niños lloran, los adultos rezan. Una señora canta una canción de cuna. Segundos después, una luz blanca ciega tu vista. Un patrullero te ha visto. Sí, a ti, el espectador. Te apunta con un arma y te ordena que no te muevas. Se te salen las lágrimas y no puedes evitar pensar que ya todo para ti ha terminado. Después todo se va a negros y regresas al desierto desolado. Ves las cantinfloras y las loncheras de los niños que se llevaron.

Termina la experiencia. Tu ropa está manchada de arena. Descalzo vas a otra habitación a recoger tus zapatos. Caminas sobre un pasillo largo y oscuro mientras lees los testimonios de migrantes que lograron cruzar al otro lado.

Ves el rostro de un migrante hondureño que te ve con solemnidad. Después de pasar hambre, robos y maltrato, ahora tiene una vida estable allá: “Estoy feliz porque sigo vivo… y eso es lo importante”

Carne y Arena estará hasta el 17 de mayo de este año en CCU Tlatelolco.

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