8 semanas en Cardiff

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Writing

 

Sorry, but this time I decided to write in my mother tongue. My apologies.

Hace un mes, aproximadamente, publiqué un post sobre cómo me sentía tras haber vivido un mes en la capital de Gales, Cardiff. Cuatro semanas después, me siento y me percibo diferente a como llegué. Por ejemplo, ya sé utilizar las máquinas de auto-servicio de Tesco, ya me sé mover en el centro de la ciudad, en Bella Italia se la pasan dándome vouchers de descuento por ser cliente frecuente (lo cual me hace ahorrar bastante dinero), ya sé a qué lado voltear al cruzar las calles, ya entiendo al 60% las conversaciones de la gente que está alrededor mío cuando voy a los cafés, ya no me hago bolas con el dinero (antes no sabía qué moneda era cuál), vivir sola ya no me parece algo tan malo – aunque a veces sigo deseando que alguien me dé un abrazo de vez en cuando – ya participo más en clase sin miedo a pronunciar mal las palabras y, sobre todo, ya me atrevo más a hacer algo nuevo, como invitar chavos a que me acompañen al cine, y tallar calabazas para Halloween. En mi primer intento, tallé una calabaza dándole forma y color de las calaveras mexicanas. Lo hice para un concurso en mi residencia de estudiantes ¡y gané! De premio me dieron una caja de chocolates, cuatro sidras y una botella de vino español. Yummy!

Después de los ataques a París, acontecidos el pasado viernes 13, y tras haber leído las biografías de las víctimas mortales connacionales (una de ellas estaba de intercambio como yo), decidí  ya no preocuparme demasiado por el futuro y disfrutar del banquete que tengo cada día. Por ejemplo, desde que llegué había querido ir a un restaurante italiano BUENÍSIMO, pero por lo caro no había ido. El domingo fui y pedí lo más económico del menú para ya no quedarme con las ganas. Y ayer fui a mi tea room favorito, Barker’s, y pedí el chai latte de la casa. Lo quería probar desde hace semanas, sólo que me parecía injusto pagar casi cien pesos por un té… pero eso es lo que cuestan en casi todos los establecimientos, así que ni modo.

Igualmente, convivir con personas de diferentes colores y nacionalidades ya me parece algo de lo más normal. Para mí ver una persona de raza afroamericana o un pelirrojo era muy novedoso, pero ya es cosa de todos los días. Debo admitir que los árabes me daban miedo (por el estigma que hay en contra de ellos y más ahora con el ISIS), pero cuando los veo hasta les sonrío y les cedo el paso. Tal vez vivir en un país extranjero donde habitan otros extranjeros te hace ser más tolerante/abierto.

Un aspecto que ha cambiado en mí es que ya me gustan los bebés. Cada vez que veo uno, quiero abrazarlo y besarlo, me llenan de ternura ¿será que ya quiero ser mamá? No lo sé, pero me parecen lo más hermoso del mundo.

No me he acostumbrado a todo, cabe señalar. El clima me sigue pareciendo horrible, y más ahora que tendremos vientos de más de 80 millas por hora. Es casi imposible caminar por las calles con un clima así. De tan intenso que está, hay paraguas rotos en las calles y muy poca gente sale cuando anochece (alrededor de las 5 pm). Eso sin olvidar el terrible frío que hace. Por ejemplo, la semana pasada utilicé por primera vez el calentador que está en mi cuarto y he tenido que dormir con dos pijamas encima desde entonces.

Lo que extraño de México sigue siendo a mi familia, a mi linda perrita bebé, el clima no tan frío y la comida. Yo creo que eso no va a cambiar en los próximos meses. Aquí, no sé por qué, la comida se echa a perder muy fácil. A pesar de que tuve en refrigeración mi queso mozarella con el que sazono mis pastas, éste se hongueó y tuve que tirarlo. Ya ni mencionar mi pan que guardé en la alacena. No duró ni una semana. Weird.

Lo que sí no extraño de México es la inseguridad. Lamento decirlo, pero es verdad. Aquí puedo salir a las 8 pm, cuando está súper oscuro ya, con la confianza de que nada me pasará… bueno, tuve una excepción hace poco. El 31 de octubre fui a un Halloween a un pub australiano. Pensé que con llevar mi credencial de estudiante me dejarían pasar, pero (no sé por qué) aquí no me creen que tengo más de 25 años. Tal vez me veo muy joven o no sé, pues en México sí me dicen que me veo joven, pero no en todos lados me piden mi ID. Como ya había pagado el boleto (que costó 5 quid), tuve que ir de regreso a mi flat para recoger mi pasaporte, el único documento donde viene mi fecha de nacimiento.

De camino de regreso, una señora como de treinta y tantos, se me acercó pidiéndome 3 pounds para su taxi. Me inventó una historia de que estaba embarazada y que había bebido demasiado. Obvio no le creí, pero pensé que me haría daño si no le daba dinero, así que le di la primera moneda que encontré en mi cartera… y huí. Eso fue alrededor de las 11 pm, así que procuro estar en mi flat a más tardar a las 10-10:30 pm e ir acompañada, para no volver a pasar momentos así.

Otro aspecto que extraño de mi país tropical es el bajo costo de la fruta. Aquí pago un pound por sólo 4 manzanas y dos pounds por un paquetito de uvas. Lo que sí es más barato es el Internet (tengo un año de contrato gratis) y la telefonía. Aunque la cámara de mi nuevo cel es horrible, le dura más la pila y, por sólo 10 pounds al mes, tengo 150 minutos de llamadas y mensajes ilimitados.

Algo que me tiene un poco tensa es la situación del trabajo. Hay muchas ofertas de part-time jobs, pero casi siempre son en ventas o como baristas en pubs o cafés y, para colmo, piden experiencia. Ya cuento con mi National Insurance Number desde hace una semana, pero ni así me dan chance. Espero (por favor manden buena vibra) encontrar algo para enero porque vivir limitada no es tan padre y menos cuando la comida aquí es muy cara. Estoy considerando ser free lance, sólo que primero debo organizarme y ver los pros y contras antes de dar el primer paso.

Con respecto a los hombres, he de decir que he visto chicos muy guapos (con miles de tatuajes, lo cual no me gusta mucho…), pero sólo los saludo y ya. Me da pena acercarme e iniciar una conversación (¿qué tal si nos les entiendo?). Otro problema es que no he tenido muchas oportunidades de conocer gente nueva. Casi siempre salgo con las mismas personas. A lo mejor esto cambiará cuando ya tenga dinero para salir más o cuando ya no me importe no entenderles a la primera cuando me hablen con su funny accent.

En fin, así han sido mis dos meses viviendo en Cardiff. Dicen que una persona se adapta al 100% después de seis meses, así que en 4 meses ya me sentiré como pez en el agua (o eso espero).

Love you all.

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