Monthly Archives: November 2015

8 semanas en Cardiff

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Writing

 

Sorry, but this time I decided to write in my mother tongue. My apologies.

Hace un mes, aproximadamente, publiqué un post sobre cómo me sentía tras haber vivido un mes en la capital de Gales, Cardiff. Cuatro semanas después, me siento y me percibo diferente a como llegué. Por ejemplo, ya sé utilizar las máquinas de auto-servicio de Tesco, ya me sé mover en el centro de la ciudad, en Bella Italia se la pasan dándome vouchers de descuento por ser cliente frecuente (lo cual me hace ahorrar bastante dinero), ya sé a qué lado voltear al cruzar las calles, ya entiendo al 60% las conversaciones de la gente que está alrededor mío cuando voy a los cafés, ya no me hago bolas con el dinero (antes no sabía qué moneda era cuál), vivir sola ya no me parece algo tan malo – aunque a veces sigo deseando que alguien me dé un abrazo de vez en cuando – ya participo más en clase sin miedo a pronunciar mal las palabras y, sobre todo, ya me atrevo más a hacer algo nuevo, como invitar chavos a que me acompañen al cine, y tallar calabazas para Halloween. En mi primer intento, tallé una calabaza dándole forma y color de las calaveras mexicanas. Lo hice para un concurso en mi residencia de estudiantes ¡y gané! De premio me dieron una caja de chocolates, cuatro sidras y una botella de vino español. Yummy!

Después de los ataques a París, acontecidos el pasado viernes 13, y tras haber leído las biografías de las víctimas mortales connacionales (una de ellas estaba de intercambio como yo), decidí  ya no preocuparme demasiado por el futuro y disfrutar del banquete que tengo cada día. Por ejemplo, desde que llegué había querido ir a un restaurante italiano BUENÍSIMO, pero por lo caro no había ido. El domingo fui y pedí lo más económico del menú para ya no quedarme con las ganas. Y ayer fui a mi tea room favorito, Barker’s, y pedí el chai latte de la casa. Lo quería probar desde hace semanas, sólo que me parecía injusto pagar casi cien pesos por un té… pero eso es lo que cuestan en casi todos los establecimientos, así que ni modo.

Igualmente, convivir con personas de diferentes colores y nacionalidades ya me parece algo de lo más normal. Para mí ver una persona de raza afroamericana o un pelirrojo era muy novedoso, pero ya es cosa de todos los días. Debo admitir que los árabes me daban miedo (por el estigma que hay en contra de ellos y más ahora con el ISIS), pero cuando los veo hasta les sonrío y les cedo el paso. Tal vez vivir en un país extranjero donde habitan otros extranjeros te hace ser más tolerante/abierto.

Un aspecto que ha cambiado en mí es que ya me gustan los bebés. Cada vez que veo uno, quiero abrazarlo y besarlo, me llenan de ternura ¿será que ya quiero ser mamá? No lo sé, pero me parecen lo más hermoso del mundo.

No me he acostumbrado a todo, cabe señalar. El clima me sigue pareciendo horrible, y más ahora que tendremos vientos de más de 80 millas por hora. Es casi imposible caminar por las calles con un clima así. De tan intenso que está, hay paraguas rotos en las calles y muy poca gente sale cuando anochece (alrededor de las 5 pm). Eso sin olvidar el terrible frío que hace. Por ejemplo, la semana pasada utilicé por primera vez el calentador que está en mi cuarto y he tenido que dormir con dos pijamas encima desde entonces.

Lo que extraño de México sigue siendo a mi familia, a mi linda perrita bebé, el clima no tan frío y la comida. Yo creo que eso no va a cambiar en los próximos meses. Aquí, no sé por qué, la comida se echa a perder muy fácil. A pesar de que tuve en refrigeración mi queso mozarella con el que sazono mis pastas, éste se hongueó y tuve que tirarlo. Ya ni mencionar mi pan que guardé en la alacena. No duró ni una semana. Weird.

Lo que sí no extraño de México es la inseguridad. Lamento decirlo, pero es verdad. Aquí puedo salir a las 8 pm, cuando está súper oscuro ya, con la confianza de que nada me pasará… bueno, tuve una excepción hace poco. El 31 de octubre fui a un Halloween a un pub australiano. Pensé que con llevar mi credencial de estudiante me dejarían pasar, pero (no sé por qué) aquí no me creen que tengo más de 25 años. Tal vez me veo muy joven o no sé, pues en México sí me dicen que me veo joven, pero no en todos lados me piden mi ID. Como ya había pagado el boleto (que costó 5 quid), tuve que ir de regreso a mi flat para recoger mi pasaporte, el único documento donde viene mi fecha de nacimiento.

De camino de regreso, una señora como de treinta y tantos, se me acercó pidiéndome 3 pounds para su taxi. Me inventó una historia de que estaba embarazada y que había bebido demasiado. Obvio no le creí, pero pensé que me haría daño si no le daba dinero, así que le di la primera moneda que encontré en mi cartera… y huí. Eso fue alrededor de las 11 pm, así que procuro estar en mi flat a más tardar a las 10-10:30 pm e ir acompañada, para no volver a pasar momentos así.

Otro aspecto que extraño de mi país tropical es el bajo costo de la fruta. Aquí pago un pound por sólo 4 manzanas y dos pounds por un paquetito de uvas. Lo que sí es más barato es el Internet (tengo un año de contrato gratis) y la telefonía. Aunque la cámara de mi nuevo cel es horrible, le dura más la pila y, por sólo 10 pounds al mes, tengo 150 minutos de llamadas y mensajes ilimitados.

Algo que me tiene un poco tensa es la situación del trabajo. Hay muchas ofertas de part-time jobs, pero casi siempre son en ventas o como baristas en pubs o cafés y, para colmo, piden experiencia. Ya cuento con mi National Insurance Number desde hace una semana, pero ni así me dan chance. Espero (por favor manden buena vibra) encontrar algo para enero porque vivir limitada no es tan padre y menos cuando la comida aquí es muy cara. Estoy considerando ser free lance, sólo que primero debo organizarme y ver los pros y contras antes de dar el primer paso.

Con respecto a los hombres, he de decir que he visto chicos muy guapos (con miles de tatuajes, lo cual no me gusta mucho…), pero sólo los saludo y ya. Me da pena acercarme e iniciar una conversación (¿qué tal si nos les entiendo?). Otro problema es que no he tenido muchas oportunidades de conocer gente nueva. Casi siempre salgo con las mismas personas. A lo mejor esto cambiará cuando ya tenga dinero para salir más o cuando ya no me importe no entenderles a la primera cuando me hablen con su funny accent.

En fin, así han sido mis dos meses viviendo en Cardiff. Dicen que una persona se adapta al 100% después de seis meses, así que en 4 meses ya me sentiré como pez en el agua (o eso espero).

Love you all.

Review: ‘Cloverfield’

——- SPOILER ALERT ———

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We live in a century/decade/time where we feel the need to register every activity we do through pictures and video recordings. It seems that if we don’t take a picture of our meal or trip and publish it on Facebook or on any other social network, that didn’t happen. Actually, to prove we did something, we MUST register and overshare it. Otherwise, people won’t believe us. I think that’s how Cloverfield was conceived.

Bob Hawkins, our main character, films a beautiful dawn in Manhattan, right from the 39th floor apartment of his friend Beth. He says “it’s a good day” and then, he heads to Beth’s bedroom. She is laying on her bed, naked, and smiling. They’re not in a relationship, but it’s obvious they’re more than friends. Later we find out that Bob recorded every special moment with his camera (smartphones weren’t as popular as they are now) of that weekend/vacation they spent together.

Fade out.

We don’t know how many weeks passed, but now Bob and Beth are not longer dating and he is going away overseas. Bob’s brother, Jason, asks his friend Hud to record his brother surprise farewell party where Bob meets Beth’s new suitor. He is not capable to tell her his feelings and lets her go. In this part of the film, three important secondary characters are introduced: Marlena, Hud’s love interest, and Lily, Jason’s girlfriend (they will join Bob on his journey to save Beth). Everyone wishes Bob the best of luck as he has got a job as vice president in a Japanese company and they all are having a good time, without knowing they’re about to experience the worst hours of their lives. Literally.

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Unexpectedly, a monster (a new type of Gozdilla) attacks Manhattan. They decide to leave the city by crossing the bridge but the monster destroys it and kills Jason. Bob is concerned about Beth but can’t call her up because his cellphone has run out of battery. He goes to an electronics store and steals a charger. Finally, after a few attempts, she answers and tells him she can’t move and she’s bleeding. Bob feels regretful for letting her go and for being a coward. He must have told her he loved her when he had the chance, what if she dies without knowing this?

As you know, Cloverfiled was filmed in a documentary style like The Blair Witch Project. The camera becomes a witness of everything that happens to Bob and his friends and works as a visual binnacle-diary (by the way, where did they buy this camera? It never runs out of battery and of tape! LOL). Unlike many other disaster films such as San Andreas Quake (terrible, don’t watch it) where all our questions are answered (we know what happened to the city and to the characters), in Cloverfield we never find out where this monster comes from, what it is exactly and if Beth and Bob survived. It has an open ending that leads us to guess whether there will be a sequel or not to explain what happened to them.

I’m aware this is not a romantic movie but Bob’s true love is what makes the film interesting and what encourages him to survive. We wonder all the time if he and Beth are going to make it and even the most anti-romantic guy would expect to see them kissing at the end of the film. But this doesn’t happen.

As you might know, within the conventions of the disaster film subgenre, the monster/disaster works as an excuse to reunite families, couples, friends and civilizations. The characters of these movies always realize they do love each other after the disaster/monster is gone, and/or realize they’re stronger than they thought they were. Frequently, these films help to enhance family and patriotic values and make a lot of money because of their amazing visual effects.

What about audiences? Well, in my opinion, disaster films lovers are not a very demanding audience (auch, sorry!). They expect to see a CGI monster destroying cities (usually New York), killing innocent civilians, a beautiful girl on screen and sharks flying inside a tornado (¿?) as well as a happy ending where the boy gets the girl and where everything is back in order after a massive destruction. Just like in the super hero films.

Although Cloverfield is another cliché-formula disaster film, it’s worth seeing it. Bob’s experience reminded me of two phrases that I have heard too many times on the Internet and in the movies: “make each day count” and “live the moment”. In other words, life is unpredictable, enjoy it as much as you can today. It makes sense because we don’t know if an earthquake will destroy our home, if a relative will have an accident or if a monster will attack our city tomorrow or next week. Not even the richest and healthiest man in the world has a guarantee he will be alive within a year. Opportunities don’t happen twice. Do whatever you have to do NOW. Take risks.

I think that’s one of the messages of this film (or at least what I liked the most of it).